La verdadera felicidad en el amor nace de tu propia actitud. ¿Qué actitudes te roban mayor bienestar del que te aportan en tu vida sentimental?

Dramatismo

La actitud de alarma permanente al considerar que la gravedad o la urgencia de un hecho que, en realidad, no es tan determinante. ¿Qué le dirías a tu yo del pasado? Probablmente, que no se preocupe tanto por cosas que no lo merecen. Intenta aplicarte este consejo.

Postergación

Dejar para mañana aquello que puedes hacer hoy no siempre es malo, sin embargo, sí resulta perjudicial cuando se convierte en una forma de evitar una responsabilidad. Esta tendencia de posponer decisiones puede notarse, incluso, en situaciones que demandan una respuesta urgente. Por ejemplo, la ruptura de pareja.

Queja

Conviene no observar la queja desde la prohibición de no poder mostrar ningún desahogo de este tipo. Sin embargo, la queja convertida en una banda sonora de la vida no es más que un ladrón de energía que te aleja de la oportunidad de apreciar el lado bueno de las cosas.

Indiferencia

Algunas personas suelen dejar de hablar a sus parejas como una forma de castigo tras una discusión. Es una forma de indiferencia que refleja las dificultades de comunicación por las que pasa esa persona que debería invertir más tiempo en desarrollar nuevas habilidades.

Apariencia

La felicidad no es más evidente por mucho que tú te esfuerces en mostrar una imagen de aparente perfección constante. Aquellas personas que viven muy pendientes del qué dirán están condenadas al sufrimiento de darse la espalda a sí mismas.

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Comodidad

Un síntoma de que te sientes muy cómodo y estancado en tu rutina es que no tomas ninguna decisión nueva desde hace tiempo. Tienes tan interiorizada esta monotonía y los hábitos que la componen que, prácticamente, funcionas en automático.

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