La autoestima siempre es importante. Sin embargo, a veces podemos creer que este amor propio es determinante en nuestras relaciones con los demás cuando, en primer lugar, es vital por nosotros mismos. Tu nivel de autoestima te potencia o te condiciona en muchos momentos sociales. Pero pocos gestos son una demostración de egoísmo tan sana como esa rutina de tomar conciencia de que tu equilibrio interior es lo más importante.

Marca distancia respecto de los comentarios que te duelen

Imagina que tienes el poder de abrir un paraguas que te protege de esas valoraciones externas que te incomodan. Para alimentar tu autoestima tienes que comprender que todos podemos ser inoportunos en algún momento y decir algo que no sienta bien al interlocutor.

No des tanta importancia a la opinión de los demás, piensa que se trata solo del punto de vista de esa persona. Aplica este mensaje, especialmente, cuando se trata de juicios de valor que te hieren pero remiten a cuestiones poco trascendentes.

Haz más caso a tu intuición

La intuición es esa voz interior que, en muchos momentos, va acompañada del propio poder de la experiencia. Comienza a escuchar de forma más nítida el mensaje interior de tu propia percepción e intenta hacerle caso. Siéntete libre para hacerlo.

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Corrige esos pensamientos que te hacen sentir mal

Una baja autoestima nace a partir de la comparación subjetiva con los demás. Una comparación que puede ser física o emocional. Esos pensamientos son destructivos y te hacen sufrir mucho. ¿Cómo salir de ellos?

Genera ideas alternativas, cambia la inercia y los verbos de esas afirmaciones para proyectarte como lo que eres: una persona con cualidades valiosas, el ser más significativo en tu propia historia. No vivas a la sombra de tus propios miedos y aprende a manejarlos con la fuerza del lenguaje.

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